Soy introvertido y no me avergüenza decirlo. Cuando recién ingresé a Toastmasters, se lo mencioné a mi mentora y recuerdo que me dijo “no te preocupes, ya lo superarás”, como si fuera una enfermedad de la que hay que curarse.

El poder taciturno

La realidad es que la introversión es un tipo de personalidad. La mayoría de la gente confunde “introversión” con “timidez”, que aunque pueden tener semejanzas, no son para nada lo mismo. Un extrovertido puede ser tímido y un introvertido puede proyectar confianza y desenvoltura.

Para mí, dos sensaciones identifican la introversión: el sentirse incómodo al pasar demasiado tiempo entre multitudes y el ser capaz de aprovechar y disfrutar la soledad. Se dice que la interacción social drena la energía del introvertido, quien requiere de soledad para recuperarse; en mi caso, eso es absolutamente cierto.

Se cree que lo más natural es que un gran líder sea extrovertido, pero la realidad no concuerda con esa noción. Muchos grandes líderes que han cambiado al mundo, eran introvertidos. Cuando nos preguntan cuales son las habilidades de un buen líder, se nos ocurren destrezas épicas y hasta sobrehumanas. Pero nosotros los toastmasters contamos con nuestro manual de liderazgo competente, cuyos primeros capítulos tratan de las habilidades fundamentales del líder.

En primer lugar está la habilidad de escuchar. Todo el programa Toastmaster fallaría si sólo nos interesara hablar y hablar sin querer escuchar los discursos de nuestros compañeros. La tendencia de los extrovertidos a hablar demasiado puede hacerlos perderse de las ideas de sus compañeros. En cambio, los introvertidos estamos acostumbrados a escuchar.

En segundo lugar está una habilidad muy menospreciada, el pensamiento crítico. En un mundo extrovertido, es común que se adopte la decisión de quien habla más alto y con mayor determinación, no la dicha en voz baja aunque sea mejor. Las decisiones importantes deben pensarse con calma. Darnos un tiempo de soledad y paz nos permite evaluar mejor los riesgos y beneficios, tomar en consideración diferentes ideas y construir nuevas.

Finalmente, los introvertidos preferimos la realidad sobre las apariencias. Como a la mayoría de la gente, las personas carismáticas me impresionan; les envidio esa capacidad de causar siempre una excelente primera impresión. Pero en más de un caso, dicho carisma resulta ser la máscara que oculta su superficialidad. Los líderes extrovertidos son expertos en manejar las apariencias. Controlan muy bien la forma pero no siempre el contenido. A los introvertidos nos gusta la reflexión profunda, la lectura y la indagación. Es natural que a veces se nos ocurran ideas auténticas más sólidas, aunque no siempre sabemos comunicarlas.

Para concluir, ser introvertido no es malo y tiene claras ventajas en el camino del liderazgo. El ambiente permisivo y amigable de un club nos permite practicar hasta superar nuestras desventajas. Los introvertidos podemos ser mejores líderes de líderes, es decir de personas proactivas que desean ser escuchadas, someter a análisis sus ideas y gozar de libertad para ponerlas en práctica.

Alejandro Sierra

Alejandro Aguilar Sierra, ACB ALB.

Director División X | Distrito 34
2016-2017.